| ORIGEN DEL
SIDA Debido a la
forma explosiva con que apareció la epidemia en 1981, muchos científicos
pensaron que se enfrentaban a una nueva enfermedad provocada por
un nuevo agente infeccioso inédito.
Hubo quienes dijeron que se
trataba de un virus maquinado por la CIA o la KGB, sin embargo,
los orígenes del SIDA pese a que no están totalmente claros, son
muy diferentes.
La epidemia es reciente, los
primeros casos notificados en África y Europa datan de 1959, y
en Norteamérica de 1968. A finales de los setenta, apareció un
tipo de cáncer, el denominado Sarcoma de Kaposi, entre jóvenes
blancos de clase media, grupo en el que la enfermedad era muy
poco frecuente. Esta fue la primera señal de la futura pandemia.
El Sarcoma de Kaposi es un
tumor que afecta a los vasos sanguíneos de la piel o de ciertos
órganos internos, cuya existencia se había detectado fundamentalmente
en África y entre italianos y judíos de edad avanzada.
Afectó a un grupo de cinco
jóvenes, todos homosexuales activos residentes en Los Ángeles.
No se frecuentaban entre ellos, no tenían amigos comunes y no
tenían conocimiento de enfermedades similares entre sus compañeros
sexuales.
Dos de ellos informaron haber
mantenido relaciones homosexuales con diversas personas. Se percibió
también en ellos, extrañas variantes de la neumonía, producidas
por “Pneumocystis Carinii”, un protozoo normalmente inofensivo.
Esto fue lo que llevó al Centro
para el Control de Enfermedad de Atlanta en Estados Unidos (CDC),
en junio de 1981, a la elaboración de las primeras publicaciones
sobre la aparición de un nuevo síndrome clínico, una forma infecciosa
de deficiencia inmunológica, recibiendo por ello el nombre de
Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA).
El informe constató que los
síntomas de este mal eran la concurrencia de enfermedades oportunistas
y una acusada escasez de linfocitos T4, así como la posible aparición
del Sarcoma de Kaposi.
Se diagnosticaron 51 casos
entre ciudadanos de origen haitiano que no eran homosexuales ni
drogadictos y que tampoco recibieron transfusión alguna de sangre;
pronto se llegó a comprobar que se trataba de un contagio fortuito
y que el SIDA no entendía de razas ni nacionalidades. Había aparecido
una enfermedad misteriosa asociada a determinadas formas y conductas
de vida.
En los primeros momentos, el
síndrome afectó a determinados colectivos, llevando a calificar
el SIDA como la enfermedad de las cuatro “H”:
1. Homosexuales
2. Hemofílicos
3. Heroinómanos
4. Haitianos.
Las hipótesis de su causa aparecieron
enseguida. Se relacionó su origen con la exposición a numerosos
antígenos humanos, con sustancias vasodilatadoras o con una hipotética
transmisión de un hongo o bacteria (capaz de segregar una sustancia
que redujera la inmunidad).
Al notar que no solo los homosexuales
padecían de esta enfermedad, sino que también personas que recibieron
transfusiones de sangre, como los hemofílicos, se consiguió demostrar
que la epidemia africana no la sufrían únicamente homosexuales.
Las investigaciones se centraron
en la búsqueda de un agente infeccioso, probablemente un virus,
como agente causal de la enfermedad.
Ya en 1983 empezó a relacionarse
el SIDA con los virus HTLV (sigla de Human T Lymphotropic Virus).
El 20 de mayo de 1983, el equipo del Instituto Pasteur, dirigido
por el doctor Luc Montagnier, publicó el descubrimiento de un
retrovirus al que denominó LAV (Lymphadenopathy Associated Virus).
Pero la comunidad científica no dio excesivo crédito a este hallazgo
de este virólogo francés, que no tenía reputación médica en esos
momentos.
El 24 de abril de 1984 el norteamericano
Robert Gallo, muy conocido por el descubrimiento del primer retrovirus
humano, el HTLV I, descubre un segundo virus, según él, de la
misma familia; el HTLV III, que sería el causal del SIDA.
Después de la larga querella
franco-norteamericana, no tardó en demostrarse la equivalencia
de los virus descritos por los dos laboratorios y el virus pasó
a denominarse HIV-I (Human Inmunodeficiency Virus).
Desarrollo del SIDA

En los distintos países donde
se ha detectado esta enfermedad, se consideran tres pautas de
desarrollo del SIDA:
1. La pauta de TIPO
I, es característica de los países industrializados con un elevado
número de casos declarados, EE.UU., México, Canadá, buena parte
de Europa Occidental, Australia, Nueva Zelanda y algunas zonas
de Iberoamérica. En estos países el VIH comenzó a generalizarse
probablemente al final de los años setenta.
La mayoría de los
casos se dan en varones homosexuales o bisexuales y consumidores
de droga por vía intravenosa. La transmisión heterosexual, responsable
de un pequeño número de casos, está creciendo.
Hubo transmisión debida
a las transfusiones de sangre o hemoderivados entre finales de
los años setenta y 1985, pero se ha conseguido eliminar esa vía
debido al rastreo del VIH en donantes de sangre. Dado el bajo
número de mujeres infectadas en estos países la transmisión madre-hijo
es pequeña.
2. La pauta de tipo
II es característica de zonas de África meridional, central y
oriental y con intensidad creciente, en ciertos países iberoamericanos,
especialmente los del Caribe.
En esta zona apareció
la enfermedad a finales de los años setenta. La diferencia con
los países del tipo I, es que la mayoría de los casos se da entre
heterosexuales. Hay muchas mujeres infectadas por lo que la transmisión
perinatal es un hecho frecuente y la transmisión entre homosexuales
o drogadictos es muy baja.
3. La pauta de tipo
III es característica en Europa oriental, norte de África, Próximo
oriente y el Pacífico (salvo Australia y Nueva Zelanda). En estos
países el VIH se introdujo a mediados de los 80. El número de
casos registrados hasta el momento es muy bajo y suelen afectar
a personas que han viajado a zonas de tipo I o II y han mantenido
relaciones sexuales con individuos portadores.
Una pandemia es también
una epidemia, solamente que de mayores proporciones, puesto que
ataca a una parte considerable de la población de todos los países.
Los problemas de infección por el VIH y el SIDA han alcanzado
una magnitud realmente pandémica y mundial.
A finales del año
2001, se estimaron 36.1 millones y medio de personas infectadas
a nivel mundial. De este total 2.7 millones corresponden a niños.
Casi 25.3 millones de afectados, corresponden a la población africana
y en estos países en vías de desarrollo, la epidemia del SIDA,
desgraciadamente se halla sólo en sus inicios.
Si no se encuentra
rápidamente un tratamiento eficaz, se producirá inexorablemente
un aumento de casos de SIDA y de muertes producidas por esta enfermedad.
Esta tabla muestra los casos totales por país en América Latina,
a finales de 1999. Hoy las cifras siguen en aumento.
| América
Latina |
1.300.000 |
| Argentina |
130.000 |
| Belice |
2.400 |
| Bolivia |
4.200 |
| Brasil |
540.000 |
| Chile |
15.000 |
| Colombia |
71.000 |
| Costa
Rica |
12.000 |
| Ecuador |
19.000 |
| El
Salvador |
20.000 |
| Guatemala |
73.000 |
| Guyana |
15.000 |
| Honduras |
63.000 |
| México |
150.000 |
| Nicaragua |
4.900 |
| Panamá |
24.000 |
| Paraguay |
3.000 |
| Perú |
48.000 |
| Surinam |
3.000 |
| Uruguay |
6.000 |
| Venezuela |
62.000 |
| Total
mundial |
34.300.000
|
La OMS desgraciadamente acertó
cuando previó un grave crecimiento de la epidemia durante los
años 90, y aunque el compromiso tanto a nivel internacional como
nacional, regional, o local en la prevención del SIDA ha sido
importante, aún existe un gran riesgo de contagio, en los países
en vías de desarrollo.
El número de personas seropositivas
en la población mundial es tan elevado, que es vital luchar contra
esta enfermedad educando, verdadera y eficazmente, a las sociedades
acerca de este problema.
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